El booktrailer me hizo pensar en la importancia del séptimo arte a la hora de inculcar valores y conocimientos. El hecho de emocionarse viendo una película o leyendo un libro parece que nos marca mucho más que una lección de profesor/a en el aula. No sé, como que nos hace concienciarnos más. Así, la obra de Kipling nos presenta la majestuosa belleza de la selva amazónica/ africana; nos hace conocer a los diversos animales, sus costumbres, su alimentación, el hábitat en el que viven... Sin darnos cuenta estamos teniendo una (divertida) clase de ciencias naturales.
Y, si vamos más allá, podemos profundizar en el tema de los sentimientos o de las relaciones interpersonales: amistad, rencor, venganza, apoyo moral, solidaridad, alegría, miedo, tristeza... Cada personaje es único e inigualable y, aunque que cada uno se asocia a una emoción distinta, ninguno de ellos es un personaje plano. Un personaje plano es aquel que siempre piensa de la misma manera, como si fuera un robot; y los personajes de Kipling son bastante complejos, en especial, Mowgli. Este hecho nos acerca a la realidad, aunque personalmente me confunde un poco: la mente das personas evoluciona pero... ¿y la de los animales? ¿Los perros nos son fieles porque quieren o porque no tienen un concepto de lealtad y su código genético les obliga a ser así? ¿Cuánto de lo que hacen los animales es una acción consciente e cuánto no?
Finalmente, y volviendo al tema científico-social, podemos decir que las películas/libros sobre animales nos ayudan a ser más ecológicos y respetuosos con el medio ambiente. En este caso, apenas se plantean problemas de contaminación, incendios o deforestación... pero sin embargo tenemos películas o libros(Rio, Bambi, Spirit, etc) en los que se plasma el daño y la destrucción que muchas veces la humanidad provoca en los animales y en la madre naturaleza.
Leer o ver los problemas desde otra perspectiva nos obliga a evitar dichas catástrofes y luchar por los derechos y necesidades de los animales. Al fin y al cabo, debemos recordar que lo peor depredador no es el tigre, el león o el oso, sino el ser humano.
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